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por Sylvia do Pico para mujeres inquietas
Boris, Emma y la lectora insaciable
Soy adicta a los libros de autoayuda. Ahí está, lo dije. Leo Virginia Woolf, Sylvia Plath, Truman Capote, Jane Austen, las Bronte, Carson McCullers, Scott Fitzgerald, y ese es el punto...
... porque si no fuera que tengo un crítico literario adentro, snob, presuntuoso y rígido, no estaría dando tantas explicaciones con respecto a este otro yo que no puede pasar por alto un test y que simplemente tiene que hacer los ejercicios de cualquier libro de autoayuda que me llega a las manos. Si no fuera porque leo estos libros tampoco andaría al tanto del grupete de subpersonalidades negadas, demonizadas y bastante fuera de control que porto. Igual, no se hagan las cancheras, ustedes tienen su propia comparsa. No se salva nadie.
La cosa es que uno de los ejercicios es nombrar a los que una detecta y describirlos o hacerlos hablar. A solas, les recomiendo, a menos que quieran pasar un tiempo en una clínica psiquiátrica. Y por escrito. No en voz alta. Lo bueno es que es bastante esclarecedor y explicativo de muchas de las taras que tenemos. Por ejemplo, paso a citar a algunos monstruos de mi galería personal:
El crítico literario ya mencionado: Le puse Boris y no sé por qué, pero es varón. Sólo lee y admite leer clásicos y escritores contemporáneos consignados bajo el rótulo de “Literatura” en colecciones, bibliotecas y librerías. Boris nunca sonríe, es arbitrario y elitista. Igual tiene sus limitaciones porque por más que lo intentó no logra terminar un libro de Ricardo Piglia ni de César Aira. Creo que es la razón por la que no me anoté en Letras. Bah, me anoté pero nunca cursé. Por eso y porque Daniel Pliner (periodista que fue mi jefe hace un siglo y medio, y del que todos sus amigos que son escritores publicados juran que era el mejor de todos) me dijo que si quería escribir ficción algún día, no me anotara en Letras.
La adicta a los libros de autoayuda se llama Madame Bovary. ¿No re ven al personaje de Flaubert leyendo libros de auto ayuda? Yo sí. En fin, la dejo hacer lo suyo y ruego que nadie se entere. Hasta hoy que decidí dejarla salir del closet y confesarlo todo. Creo que por efecto de tanta auto terapia. Otra de sus aficiones es leer el Manual Médico de Merck y toda nota en medios gráficos y digitales, sobre enfermedades y síntomas. Es que también es, soy, hipocondríaca.
Por suerte también me habita una mujer a la que le gusta leer buenas historias bien contadas. Esas buenas historias, por el tiempo que dura la lectura, la curan de todo mal. Puede estar tirada en un sillón más de 24 horas, me hace llegar tarde a muchos lados, muchas veces no duerme, habla de los personajes como si de verdad existieran y es capaz de hacer casi todo con un libro en la mano. La lectora es insaciable y cuando tiene que leer determinado libro, es capaz de comprárselo por segunda vez si está lejos de su casa y no lo tiene a mano. Tiene una relación bastante animal con su objeto de culto y le gusta olerlos, acariciarles el lomo y las páginas, ordenarlos por combinación de colores, quedarse mirándolos y cuando su marido está de viaje, duerme rodeada de dos o tres de ellos.
Más de una vez estos tres personajes discuten. Y cuando eso ocurre, no puedo hacer nada más. Incómoda, vulnerable, abrumada, es común que esto pase cuando estoy deambulando por una librería. La paradoja es que estoy en un lugar que es como Disneylandia para mi, y no lo puedo disfrutar. Peor aún, si la cosa no se define, termino yéndome con las manos vacías. Otras veces se ignoran entre sí, ocupados como están en elegir aquellos de su interés. En esas oportunidades salgo del local con más libros de los que se pueden transportar razonablemente sin una carretilla.
En fin, esto será todo por hoy porque hace como un hora que no leo nada y empiezo a sentir el síndrome de abstinencia. Pero de donde vienen estos tres “yoes” hay un manicomio superpoblado. Así que vuelvan y les cuento sobre el fashionista gay nazi, la “quereme en el estado desgreñado en el que me encuentro” y la “qué vamos a hacer con tu pelo” maternal que también conviven aquí dentro.
Comentarios sobre esta nota
| Graciela Duca escribió : Sino hubiera llegado a los sesenta no hubiera sido escritor “
Saramago
Dicen que a los dos años papá ya me decía Alfonsina Storni, al parecer solía mirar las revistas al revés fingiendo que leía. Desde entonces no paré de devorar todo lo que encontraba a mi alcance. Sin embargo recién ahora he llegado al núcleo de las armas imprescindibles para poder intentar escribir.
Lo que podría llamar mi manual del escritor. En primer término el infaltable diccionario para consultar términos cuyo significado es dudoso. Compendios clásicos incondicionales aún para el glorioso Henry Miller, al cuál me hicieron llegar a él, y por lo tanto sumar su trilogía “ La crucifixión rosada”, a la cuál despojándola de su brutal visión poco ortodoxa sobre el sexo, el resto es un canto de esperanza y técnica al posible escritor que llevamos dentro.
Miller enseña a escuchar (registrar historias pues no todo tiene que pasarle a uno) Le ubica y le acompaña en mejorías, desasosiegos y traspiés del cuál hay que sobreponerse.
El escritor según él es en principio un gran decidor de palabras, tiene todo en su cabeza, sabe que desea escribir, pero cuando se enfrenta al papel en blanco se paraliza, o sea ve todo menos verse escribiendo. ¿Temerá uno hablar desde su propia voz?
No solo yo he comprado libros usados para subrayarlos, por el milagro de encontrar esa frase que me pueda llevar a la genialidad. No es falta de humildad parte de su enseñanza es “si eres gusano arrástrate y si eres mariposa vuela pero hasta el final”
También en mi escritorio existen listas de palabras excéntricas que por el mero hecho musical ubicaré aunque con fórceps. Apuntes, papeles y recortes me acompañan aún descalabrados. Además compruebo que no soy muy original en esto de amar más las palabras que lo que se puede decir con ellas.
En las malas idénticamente me desprendí de todo; muebles, comida, techo pero no de mis libros y no he estado tan desorientada al leer Freud, Gorki; Dostoievsky, Flaubert, así como metafísica, cábala los cuáles nutrieron anteriormente a estos escritores tan controvertidos.
Siento que Miller es un filósofo encubierto, que me ha hecho partícipe de un taller literario al cuál jamás quise asistir, he encontrado un maestro, un distinto pero un semejante.
Y finalmente me ha hecho comprender que en cualquier disciplina en la cuál se anhele hacerse de un nombre, ¿Cortázar por ejemplo? Muchos ni siquiera comenzamos, pues el fracaso es querer ser otro cuando el secreto es ser uno mismo y trabajar duro, muy duro.
¡Ah! Y a no creer que Miller no fue victima de autocompasión, ira, resentimiento, egoísmo, narcisismo y porque no de agravios pero los aprehendió y sublimó en su obra maestra.
¡Gracias Miller! Por demostrarme que el artista es un “patito feo” que se transforma en cisne. Parece mágico, más como siempre vuelvo a la infancia. Si comencé con mi padre amerita cerrar con mi madre. Quién para que comiera algún bocado de pequeña me contaba fábulas, alegorías y parábolas con una ingenuidad casi estilística, vistiéndome de mil disfraces diversos, dónde el doble sentido solo pude apreciarlo ya de adulta.
Ya digo con cada cucharada que acercaba a mi boca trazaba un puente de perlas, ogros, piedras preciosas, piedrecillas, mendrugos, princesas, sortilegios, duendecillos, ruecas, madrastras.....
Si señores y aunque tumbada cómo Gulliver boca arriba aún sujetada por liliputienses en un lugar no muy lejano, en un día celestial por venir, les abriré las puertas de mi propio mundo. Mi diestra ya está libre. enviado el 28/07/2009 20:12:46
| | monica o morochaurbana gervasoni escribió : me reí mucho con tu nota, porque me identifiqué casi de pies a cabeza. salvo porque aún no bauticé a mis críticos literarios internos. pero últimamente, te cuento, divido mi lectura. mi mesita de luz cuenta con: el libro de los abrazos de galeano, mi biblioteca todos los libros de gabriel garcía marquez y de isabel allende, se me escabulle por ahí un kundera con su insoportable levedad del ser. te comento soy adicta a los libros de los cuales después se hace la respectiva película. me encantaría saber los secretos del guión sobre una historia. y te confieso leo y practico algunas cosas de autoayuda: empecé tímida: control mental silva, loise hay, antony de mello, pnl, guestal (dentro y fuera del tacho de la basura), algo de stvens: no empujes al río, pasando por cosas de tao y budismo zen. así que te entiendo también, al menos en cuestión de lectura, de pies a cabeza. igual, aunque parezca todo lo contrario, esto que compartimos es salud mental porque mientras escribimos subliminamos el deseo asesino de embroncarnos con más de alguno que se nos cruza por la vida. seguí así y un gusto tu nota. perdón por la lata de la respuesta un beso y abrazo: monica o morochaurbana enviado el 22/07/2009 20:50:14
| | Julia S escribió : Querida Sylvia:
Te recomiendo este hallazgo "Todas las mujeres somos zen" de Ana Sabuki...a ella tambien la busqué para subir a mi arca de Noé, pero no tuve la suerte que tuve con vos de encontrarte, si descubrís algo de ella contame...calculo debe ser argentina, tiene mucho manejo criollo y habla desde acá...,me parece, creo.. enviado el 13/07/2009 12:43:00
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